viernes, 10 de mayo de 2013
lunes, 22 de abril de 2013
El inicio de la Edad Media
Artículo principal: antiguedad tardía.
Aunque se han propuesto varias fechas para el inicio de la Edad Media, de las cuales la más extendida es la del año 476,
lo cierto es que no podemos ubicar el inicio de una manera tan exacta
ya que la Edad Media no nace, sino que "se hace" a consecuencia de todo
un largo y lento proceso que se extiende por espacio de cinco siglos y
que provoca cambios enormes a todos los niveles de una forma muy
profunda que incluso repercutirán hasta nuestros días. Podemos
considerar que ese proceso empieza con la crisis del siglo iii,
vinculada a los problemas de reproducción inherentes al modo de
producción esclavista, que necesitaba una expansión imperial continua
que ya no se producía tras la fijación del limes romano. Posiblemente también confluyeran factores climáticos para la
sucesión de malas cosechas y epidemias; y de un modo mucho más evidente
las primeras invaciones germanicas y sublevaciones campesinas (bagaudas), en un periodo en que se suceden muchos breves y trágicos mandatos imperiales. Desde caracalla la cuiddania romana estaba extendida a todos los hombres libres del Imperio, muestra de que
tal condición, antes tan codiciada, había dejado de ser atractiva. El bajo imperio adquiere un aspecto cada vez más medieval desde principios del siglo iv con las reformas de cioclecioana: difuminación de las diferencias entre los esclavos, cada vez más escasos, y los colonos campesonos libres, pero sujetos a condiciones cada vez mayores de servidumbre, que
pierden la libertad de cambiar de domicilio, teniendo que trabajar
siempre la misma tierra; herencia obligatoria de cargos públicos -antes
disputados en reñidas elecciones- y oficios artesanales, sometidos a
colegiación -precedente de los gremios-,
todo para evitar la evasión fiscal y la despoblación de las ciudades,
cuyo papel de centro de consumo y de comercio y de articulación de las
zonas rurales cada vez es menos importante. Al menos, las reformas
consiguen mantener el edificio institucional romano, aunque no sin
intensificar la ruralización y aristocratización (pasos claros hacia el
feudalismo), sobre todo en Occidente, que queda desvinculado de Oriente
con la partición del Imperio. ).
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