LAS INSTITUCIONES
La monarquía germánica era en origen una institución estrictamente
temporal, vinculada estrechamente al prestigio personal del rey, que no
pasaba de ser un primus inter pares (primero entre iguales), que la asamblea de guerreros libres elegía (monarquía electiva), normalmente para una expedición militar concreta o para una misión específica. Las migraciones a que se vieron sometidos los pueblos germánicos desde el siglo III hasta el siglo V (encajonados entre la presión de los hunos
al este y la resistencia del limes romano al sur y oeste) fue
fortaleciendo la figura del rey, al tiempo que se entraba en contacto
cada vez mayor con las instituciones políticas romanas, que
acostumbraban a la idea de un poder político mucho más centralizado y
concentrado en la persona del Emperador romano. La monarquía se vinculó a las personas de los reyes de forma vitalicia, y la tendencia era a hacerse monarquía hereditaria,
dado que los reyes (al igual que habían hecho los emperadores romanos)
procuraban asegurarse la elección de su sucesor, la mayor parte de las
veces aún en vida y asociándolos al trono. El que el candidato fuera el
primogénito varón no era una necesidad, pero se terminó imponiendo como
una consecuencia obvia, lo que también era imitado por las demás
familias de guerreros, enriquecidos por la posesión de tierras y
convertidos en linajes nobiliarios que se emparentaban con la antigua
nobleza romana, en un proceso que puede denominarse feudalización. Con el tiempo, la monarquía se patrimonializó, permitiendo incluso la división del reino entre los hijos del rey.
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